martes 20 de diciembre de 2011

Bestialidad del agujero

En el destierro de lo matutino los peces prehistóricos nadan
y empieza a dar igual que haya o no luz detrás de la cavidad,
y que la oscuridad sea interminable en la congoja del día
porque el fondo del mar queda colgado en la bestialidad del agujero
Ahí, donde nadan y sangran sobre laberintos huecos
de los párpados rutinarios.
Felices los niños que cumplen años,
que festejan su aproximación a la muerte,
que mueren al condicionamiento de las flores en duelo.
Muerte a ese polvo con adjetivos cortados que crea y destruye
donde fluyen desnudos y ajados los granos de arena
donde tiemblan las manos de millones de piedras muertas.
Ahí donde también quedan los trozos que sobran de mi existencia.

sábado 10 de diciembre de 2011

Inviernos del Verbo I

Ensimismado entre mis pasos, deambulando bajo los insípidos ocres de la plaza Belgrano. Las pocas personas a esa hora no miran la tarde, nadie nunca lo hace, yo en cambio me cruzo del Hospital Padilla y mientras espero al viejo desgraciado dejo caer mi cuerpo para que el césped me sostenga porque ya ni siquiera el sol me quiere. Ha cruzando corriendo, saltando cabezas, cortando la mía y finalmente perdiéndose en una inhóspita esquina. Aún así lo siento quemándome en alguna parte desconocida. Pareció ser que nadie más se atrevió a mirarlo pero en esa estrepitosa partida del prófugo de mis ojos, entre la nada naciente, una chica, sentada a medio metro desboca una furtiva incógnita. -¿Por qué no la había visto antes de recostarme?¿Y sí ella también estuvo allí, cómo habrá percibido el desarraigo espontáneo del sol?-.
Tiene en sus manos un lápiz con una mina gruesa pero bastante blanda y tan liberal como todo el aire que contornea la hoja. Sus trazos no parecen ser diferentes pero seguramente su dibujo lo es. Está muy concentrada entre líneas distribucionistas de volumen y espacio, suficientemente difundidas. No sé nada de ella, pero puedo jurarle a mis ojos que es estudiante de arquitectura...

sábado 26 de noviembre de 2011

Espectro Total.

Hacía una semana que nos conocíamos, pero yo andaba reloca por ella, y encima con el estómago hecho mierda porque hacía tres días seguidos que me llevaba a desayunar rayitos de Sol al frente de la facu de artes. Yo nunca me cansaba, aún cuando ella le rendía honor al silencio. Me gustaba leerle cuentitos argentinos, le quería meter a toda costa la literatura por los ovarios, porque si no se abría la cabeza tampoco se abría la conchita. Le gustaba, sabía que sí, pero se aburría rapídito, me daba cuenta al toque porque se ponía a mirar pijas envueltas en jean o yorcitos. Y fue justo en ese momento -yo pensaba- qué tilinga encantadora, ésta pendeja... y sin pudor me lanzó una mirada medio chota de seria y dijo -Me encantaría darte mi vida, Lucía, pero la estoy viviendo-. Entonces sentí el espectro total de esos rayos que nos alimentaban mostrándome que su cabeza, al fin, se había abierto.

martes 4 de octubre de 2011

Cuando Fui Nada.

Cuando yo era nada ni siquiera el Sol se enredaba en el empeine de mi sombra. Los rayos florecían al costado de las muecas ajenas y los rostros de las sonrisas no comprendían que yo era nada y era todo, y era todo un continente que no dejaba de contener a la nada naciente.

domingo 21 de agosto de 2011

Busqueda.

Siento el respiro cercano de sus pasos y un olvido atentado se dilata sobre mi.
Me busca en silencios prolongados. Me busca con los espíritus de su vista. Sus pasos respiran más fuerte, sigue el camino de mis entrañas abiertas, se entierra en un conducto de congoja y sangra sobre mis tetas. Está muy cerca de una linea de puntos entre mis labios, sus pasos empiezan a suicidarse con un rayo de luna, pero está muy cerca... Es la noche que me acerca al doloroso fragmento de encontrarme.

domingo 24 de julio de 2011

Restos diurnos


Los besos de mi amor rompían ventanas y yo cruzaba a otro lugar, donde las agujas se olvidaban del último gramo desfondado del reloj. Allí, mis ojos impresionados, traslucidos y levantados flotaban sobre pétalos de alguna canción litúrgica. A lo lejos un gramófono expulsaba colores de inminentes sueños tras sueños que alteraban los restos diurnos de nuestro amor polimorfo.
Sueños detrás de deseos y sueños de algún extraño lugar, hasta que sus labios se deshacían sobre alguna corona de sol, tintineando sobre los cristales rotos, quemándome el inconciente y quedando todo como aplastante en el vacío de las ventanas inexistentes.

martes 19 de julio de 2011

Quimera.

Ella despertó dentro del rumor de una mentira. El le facilitaba escenarios para complementarla, dentro de ideas falsas. En un contexto sin ilusiones, dentro de esas quimeras, desnuda, experta en crear sus propios espejismos. Simulaba un delirio que surtía entre las risas y los llantos, o en una risa con llanto. Lo comprendía, se revisaba y entrelazaba fusionándose en algunos halos. Juntos, una especie de ficción, un relato, por poco ilusorio. Entre indecentes cuestionamientos formulados en carcajadas, ¿No sientes miedo?, le preguntó. Nunca supo encontrar respuestas, porque nunca entendió como buscarlas. El acudía a los detalles, creó todo lo que imaginó solamente para impresionarla. Se estremecía intranquila, tenía algo más que miedo, y su ansiedad no dejaba ver una verdad. ¿No tienes miedo?, le preguntó insistente. El silencio una vez más, esa mudez que la mutilaba. Sonidos tan sublimes, tan bellos… en un poco de los dos. Indivisibles por esa vez, el único momento en el que se entregó y esta vez el temor no estaba en el medio. Lo contemplaba como a un paisaje perfecto, era mar, era atardecer, era el mar en un atardecer. Lo escuchaba con atención y se perdía en sus palabras, sonriendo. Inexperta, desorientada, inocente, simulaba entender algo. Un piano sonó marcando un final predecible. Sus ojos tristes despertaron contentos, su respiración agitada y su pelo enredado, marcando los vestigios del relato. Ella despertó dentro del rumor de una mentira. El le proporcionaba escenarios para complementarla, y ella penetró. Se miró desnuda, se desenredó el pelo, respiro profundo… y lloró. ¿Quimera?...ilusiones, ideas o cosas fabulosas que solo existen en nuestra imaginación. El se fue y no volvió, se llevó de ella quizás lo único que necesitaba por esa noche. Ella, pobre infeliz, todavía lo espera con aquel perfume. A pesar de su relato, a pesar de su quimera, le quedan algunas sensaciones. Deliciosas, deleitables, embriagadoras. Las describe sonriendo, como si ellas no formaran parte de aquel rumor. Como si no fuesen una mentira.